Delito y menores, por Jose Maria Garzon, abogado

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           Delito y menores, por Jose Maria Garzon abogado. Todos somos conscientes como internet, junto con las nuevas tecnologías y como la telefonía móvil democratizada hasta los estratos sociales más humildes de la sociedad ha supuesto una revolución en el escenario criminológico. Hoy quien más y quien menos tiene un terminal móvil en su bolsillo y accede a alguna de las aplicaciones del mismo, en general redes sociales a través de las que se comunica con el resto de su grupo o con desconocidos. En la práctica totalidad de las modificaciones legislativas el legislador acomete una gran parte de esa modificación para acomodar el nuevo escenario tecnológico a la persecución de delitos vinculados con este entorno y con su derivación que no es otra que la globalización de entornos y comportamientos y conductas. Pues bien, tenemos que destacar que en este escenario entran a formar parte de las mismas la infancia y la adolescencia lo que aporta una relevancia social y jurídica al hecho de la utilización de las nuevas tecnologías de la información. Si el hecho de la utilización de ésta por menores para la información, el conocimiento e incluso el ocio y los juegos no debía suponer un problema si no lo son los juegos que utilizan (veremos si la calificación de los mismos va acorde con su nivel de maduración), o el ocio entra en los márgenes del ocio racional. Sin embargo sí que se crea un terreno de cultivo propicio para el desarrollo de conductas de criminalidad, que no por ser ejercidas por menores son menos nocivas para la sociedad. Más bien al contrario, el desarrollo de la personalidad con conductas inadecuadas en este terreno harán del joven un futuro adulto más peligroso para la sociedad. El ciberespacio, en el que no existe guardián, al menos no como en el espacio físico, supone una oportunidad de anonimato que igualmente facilita el crimen dirigido y/o ejecutado por y para jóvenes. Ello añadido a que la edad también supone un atractivo para el delincuente que deja en un espacio de vulnerabilidad extrema a nuestros jóvenes y niños. Vulnerabilidad que se refuerza con la propia vulnerabilidad de los jóvenes, quienes con su visión aún inmadura de la realidad y la integración en los grupos de iguales necesitada de reconocimiento de éste. Todo ello permite que se otorgue una importancia extrema al estudio de figuras delictivas cuyo objeto fundamental sean los menores. Recientemente hemos visto como desde los poderes públicos se han lanzado una serie de campañas contra el acoso escolar o bullying, como resultado del salto a los medios de comunicación del suicidio de un menor que había sido acosado. En ese momento saltan todas las alarmas. Esta realidad nos ha hecho comprender que el delito en los menores no es un hecho aislado ni falto de entidad sino que dada la inmadurez desarrollativa del menor puede alcanzar unas cotas de dimensión realmente altas. La repercusión de lo que hemos desarrollado anteriormente puede tener mucha trascendencia en el desarrollo de conductas que sirvan para atentar contra  los derechos del menor, viéndose comprometidos derechos tan importantes para el desarrollo de una personalidad sana como son el derecho a la integridad sexual,  la intimidad y por supuesto la indemnidad moral, así como para derechos de adultos que se vean igualmente comprometidos por conductas delictivas de los propios menores. Lo anterior no es solo una reflexión individual, la Estrategia de Seguridad Interior de la Unión Europea, advertía que las políticas de seguridad, dada la brutalidad de ciertos atentados acaecidos en el centro de Europa, y fundamentalmente las dirigidas a la prevención, deben aglutinar a las policías, las diferentes instituciones, entre ellas las educativas, los diferentes profesionales que tienen relación con el tema y todo ello buscando ir desde el ámbito más local hasta implicar las instituciones nacionales e internacionales. Así la cooperación debería implicar a escuelas, institutos, universidades y todo tipo de centro educativo, con el objetivo de prevenir que los jóvenes desarrollen conductas delictivas.

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